El purgatorio eres tú

Dios dice que la gloria
Está en el cielo
Que es de los mortales
El consuelo al morir

Bendito Dios
Porque al tenerte yo en vida
No necesito ir al cielo tisú
Si alma mía
La gloria eres tú


De acuerdo con este argumento teológico del compositor José Antonio Méndez, avalado musicalmente por el trío, Los tres diamantes, puedo inferir que, la gloria a la que en forma poética se refiere, fue inspirada por su linda noviecita. Ignoro si el sr. Méndez y su respetable musa, logrando completar el requisito matrimonial, fueron felices y comieron perdices. O bien, si ella de princesa del cuento se convirtió en la bruja y él, de príncipe azul, se convirtió en viejo verde. En cuyo caso, años después, cambiaron la letra de la canción a: “El purgatorio eres tú.” O peor aún, “El infierno eres tú.”

Esta pareja, así como la comandada por mi amada esposa, hemos sido, como muchos, especímenes del laboratorio de pruebas expiatorio de pecados veniales y capitales, conocido comúnmente como: “Matrimonio”, concepto muy parecido al del purgatorio. En el poco probable caso de que éste último exista, me pregunto: ¿Entonces los casados ya ahorramos este paso purificador? 

Hace años abandoné mi búsqueda por conocer lo que hay en la oscura dimensión desconocida de la muerte. En mi juventud mis únicas linternas fueron: las religiones, los médiums y los espiritistas, pero sobre todo, mi fe. La cual me ayudó a mitigar la idea perturbadora de que aquí se acaba todo.  Me ayudó a creer que si me portaba bien y que si hacía de mi vida una auténtica experiencia religiosa, ganaría el descanso eterno y, una vez instalado ahí, estaría extasiado de felicidad, dándole vuelo a mis alitas, acompañado por los místicos ritmos de mí arpa.

Vinieron después las grandes sacudidas a mi fe, así como mis dudas más irreverentes; surgieron cuando descubrí que, no importa mucho el portarnos bien o mal, al final de nuestra vida podemos arrepentirnos de nuestros pecados, proceder a la confesión y automáticamente alcanzar el perdón y un boleto de última hora en la clase turista para la “Escalera al cielo”. En la Biblia y otras publicaciones al respecto, encontré en variadas formas, la siguiente idea: “Creyente eres y en angelito te convertirás” pero mis ilusiones cayeron por tierra cuando tropecé con esta frase lapidaria: “Polvo eres y en polvo te convertirás”.  Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Seré polvo o seré angelito? 

No me agobia la idea de la muerte. Creo firmemente que llevando una vida espiritualmente correcta, en la que el respeto por mí mismo, por mis semejantes y por la naturaleza en todas sus presentaciones, (excepto los mosquitos), me permitirá llevar una vida tranquila y digna de parecerse a la gloria.  Los eventos que trae consigo la permanencia involuntaria en esta tierra, me traen inevitables episodios que están fuera de mi control, algunos parecidos al purgatorio y tristemente otros, al infierno. Ni el pasado ni el futuro, ni el más allá, puedo controlar. Mi tarea es vivir lo mejor que pueda el día de hoy, que es mi mejor presente.

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